HIMNO URBEX

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Los exploradores urbanos asociamos emociones intensas a lugares o infraestructuras. Las unimos a recuerdos y las recordamos con nostalgia. Para el dueño de un hotel, la azotea de mantenimiento es un sitio desconocido, incluso aunque haya pagado hasta el último metro cuadrado de esa azotea. Para el explorador es el descubrimiento de una perspectiva de la ciudad única que se esconde al resto de mortales. El explorador ha visto el atardecer desde esa azotea y se ha sentido verdaderamente unido a ese edificio, hasta el punto de desarrollar un apego emocional.

Para el operario que repara la baliza de la antena, es una baliza más, rota y carente de significado. El explorador, cada vez que pasa en coche por esa carretera, mira la pequeña lucecita roja brillando en lo alto y piensa «ahí arriba estuve yo», recordando cómo se enfrentó a sus miedos y cómo la antena le cambió para siempre.
Para el limpiador de alcantarillas, la unión entre dos túneles es un atasco más. Para los que exploramos es «esa noche loca» en la que pasamos miedo bajo tierra, con nuestras mentes jugándonos malas pasadas, escuchando ruidos más propios de otros mundos; donde indagamos las entrañas de la ciudad y la adrenalina fluía como el agua misma.
Para el técnico de revisión ferroviaria, ese túnel abandonado de metro es un asunto de corrupción política. Para nosotros, los exploradores, es una ventana para observar los trenes pasar y sentirse metido en una vorágine de ruido y silencio, de ausencia y presencia donde uno observa a todos sin ser observado.
Para el resto de personas, los lugares abandonados son focos de infección, techos que se desprenden, escombros y polvo por todas partes. Para el explorador, son periódicos de hace cincuenta años, salas donde ocurrieron historias inimaginables, copas de las cuales bebieron personas que quizá ya no están con nosotros, y la fascinación por ver cómo la naturaleza lucha contra lo que ha construido el hombre, con las ramas escalando las columnas y las hojas entrando por las ventanas.

La exploración urbana es básicamente asociar emociones a lugares con la curiosidad como combustible principal. Emociones que quizá no despiertan en el ciudadano común, quizá por falta de curiosidad, o quizá porque la tiene en otro lugar. Para mí, personalmente, no hay mejor sensación que estar en un lugar por primera y por última vez. El descubrir y dejar salir al niño que llevamos dentro, pero con ojos de adulto que sabe que probablemente jamás vuelva a ese sitio.

Hay que aprovechar cada segundo antes de que se convierta en un «allí estuve», y el recuerdo se reproduzca con acordes tristes por la nostalgia del pasado. Explorar es como vivir, se trata de descubrir con emoción y aprovechar el momento. Vivir y recordar aquellas aventuras que le dieron significado a la vida y nos hicieron madurar, conocernos a nosotros mismos y evolucionar como personas. La exploración urbana, más allá de las ciudades, es la exploración de uno mismo.

-Manufactured Fear

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