Galeria de servicio Red Gate

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¿Qué es una galería de servicio?

Las galerías de servicio son construcciones subterráneas que permiten llevar los servicios públicos a distintos puntos de la ciudad. Una infraestructura desconocida para la mayoría de las personas y de vital importancia para el desarrollo urbanístico

Tradicionalmente los servicios de la ciudad discurrían por el subsuelo, como es el caso del alcantarillado, y con el tiempo el aumento de nuevas tecnologías (electricidad, gas, telefonía) hizo que se empezaran a llenar las fachadas y las calles de cableados aéreos.

Poco a poco hubo que hacer una ordenación a este caos y con una normativa más estricta empezaron a proliferar estas construcciones que, frente al gran coste inicial que tiene la construcción de una galería de servicio, en el futuro sale más rentable por las numerosas ventajas , frente a un enterrado en el subsuelo clásico (se optimiza el espacio, se minimizan las averías y escapes, se puede controlar visualmente, las reparaciones son mas económicas y sobre todo se organiza el subsuelo)

¿Pero si ya existe sistema de alcantarillado por qué no aprovecharlo para una galería de servicio?
Muchos son los motivos: la humedad, la corrosión que podrían sufrir los cables, los riesgos de explosión (por eso en algunas galerías se separa los conductos de gas del resto), o que la pendiente necesaria para el alcantarillado difiere de la galería de servicio.
Pero esto no siempre es así, pues en algunas ciudades en determinados segmentos puede existir una pequeña conexión

En algunos países te puedes encontrar mapas de galeras de servicio

Sin embargo esta infraestructura tan básica no ha ido en aumento al igual que crecen las ciudades. Esto se debe a la intervención de las empresas privadas en los planes urbanísticos. Una galería de servicio es un beneficio a largo plazo, algo que difiere con los planes a cortos plazos de este sector privado.

Acceder a las galerías de servicio no es tarea fácil. Son estructuras muy sensibles, que son periódicamente revisadas por la delicadeza de los servicios que por dentro discurren.
Además la posible amenaza de sabotaje hace que las entradas estén muy protegidas para evitar un desastre en la ciudad.

A pesar de que las galerías sirven para ordenar, en algunos casos sigue siendo un caos…

Galeria de servicio Red Gate

Son las 12 de la noche, un pequeño escalofrió inunda mi cuerpo. Por la calle casi no se ve a nadie, algún trabajador finalizando su jornada o algún transeúnte sin rumbo a primera vista son los únicos movimientos.
Okos, quien me acompaña en esta expedición, se apoya en la pared de la entrada, mira a los dos lados y se pone a improvisar un baile. Es normal, siempre bromeamos cuando hay que esperar y voy grabando con la cámara.
De fondo se escucha un pequeño pitido. Parece ser que algún garaje esta abriendo sus puertas, nada de que asustarse
Miramos a los dos lados.
-Ahora es el momento, dice okos
Nada más adentrarnos en las entrañas del túnel, un reconocible olor a gas inundó mis cuencas nasales. En ese momento no contaba con mi detector de gas, algo que me sería de gran ayuda por la posible presencia de algún gas explosivo. Era un olor como a metal envejecido y oxidado, junto con humedad mohosa. Muy característico.
Por ausencia de oxigeno no había que temer, las galerías están muy bien ventiladas y la mayoría de su trayecto es transitable.
Pegado a la entrada un pequeño letrero de prohibido fumar junto con una mascarilla nos advierte de los peligros a los que nos podemos enfrentar.

Un pequeño interruptor justo al lado de la entrada nos iluminaba un enorme túnel cableado. Transitar por ahí sería tarea fácil pues estaba muy bien acondicionada.
Los primeros minutos siempre deben ser en silencio. Nuestra mente se tiene que acostumbrar al espacio en el que estamos, el olfato tiene que adaptarse a todos los olores y el oído reconocer todos los sonidos.
Si no cumples esta regla te expones a poder sufrir un accidente. No hay que olvidar que el subsuelo es territorio hostil.

Según íbamos avanzando, era curioso escuchar los distintos ruidos que generaba la ciudad. Las conversaciones de las personas, el paso de los coches, los perros ladrando, las pisadas apresuradas de gente que llegaba tarde… y nosotros ahi abajo ajenos a los acontecimientos de la superficie. Parece ser que estábamos en una calle principal y la presencia humana era bastante alta en esa zona. Era como estar en una dimensión paralela pues ,físicamente estábamos en la ciudad, pero invisibles para la civilización

Poco a poco íbamos encontrando distintas salidas. Parecían secundarias, como salidas de emergencia, por lo que era mejor no mirar fuera pues teníamos la calle muy cerca y no sabíamos con exactitud a donde podían dar.
Andábamos y la maraña de cables era cada vez más extensa. Que si tuberías gordas de gas, distintos cables de tensión, la telefonía, la fibra óptica… Me di cuenta que estábamos en la médula espinal de la ciudad. Era como explorar el núcleo terrestre, la parte más importante y esencial de una urbe. Y estábamos ahí solos…


La noche cada vez llegaba a su fin. Al fondo del tramo en el que nos encontrábamos daba a una salida cerrada, imposible de abrir. Al lado una escalera descendía hacia un pequeño túnel.
Tuvimos que dar un pequeño salto para llegar al otro tramo y me di cuenta como el túnel iba cambiando de forma.
Al poco me vi que habíamos llegado a un túnel de alcantarillado. Una pequeña sección transitable daba a unos pequeños orificios de salida de aguas de un tramo paralelo.
Parecía que aquella sección serviría de aliviadero en una lluvia extensa.

Poco podíamos hacer por ahí pues la parte transitable cada vez se cerraba más, hasta ser imposible el paso.

Tocaba hacer las últimas fotos y dar media vuelta para salir por el mismo punto por donde entramos.
Ya podíamos estar más relajados -pero sin bajar la guardia- y poder disfrutar de ese paseo subterráneo.


De esa noche me llevo una buena exploración de una de las partes más ocultas de la ciudad

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